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22 april Principio de Incertidumbre(Antes de nada, esto no es una GILIPOLLEZ OFICIAL, sino que es el cuento que presenté para el día del libro. Se llama "Principio de Incertidumbre" y, si no tenéis nada mejor que hacer, os recomiendo, mejor dicho, os pido que lo leais y le deis una cuantas vueltecicas a esas cabezas. Os lo resumiría, pero si hago eso no lo leis, así que si quereis saber de que va, a leer).
"Principio de Incertidumbre"
por Pedro M Lozano
Calais (Francia), primavera de 1941.
La Segunda Guerra Mundial, que dura ya dos años, ha partido Europa en dos. El ejército nazi ha dominado toda Francia. Un último reducto de soldados galos se refugia en la costa de Dunkerke, esperando la llegada de barcos ingleses.
-No puedo entenderlo Olivier, ¿por qué has de ir?- dijo Marie llorando junto a la ventana, donde la luz del Sol hacía brillar su larga melena rubia.
-Lo sabes muy bien Marie.- contestó Olivier Delporte, a quien su rango de sargento del ejército francés le obligaba a acudir a la guerra. -Pero ¿por qué?, ya has servido en numerosas ocasiones, ¿acaso eres tan necesario?- -Sabes que no es tan sencillo Marie.- -¿Y que hay de nosotros?, piensa en tu hijo.- -Ya lo hago-, dijo Delporte en un tono mucho más hostil, –y ese es el motivo por el que he de ir, para evitar que crezca en un mundo de odios e injusticias.- -El mundo no es un lugar adecuado para que crezca ningún niño, pero tú no puedes cambiar eso, Olivier- -¿Y qué debo hacer sino luchar?, ¿no se lo debemos a nuestros padres?, ¿no se lo debemos… a nuestros hijos?- Una piedra se hincó en la espalda de Delporte despertándolo de su sueño. El tacto de su barba le recordaba que eran ya dos las semanas que habían pasado desde que el ejército alemán lo había hecho prisionero con el fin de traducir los mensajes de radio franceses. Delporte se llevó la mano bajo la camisa y se sacó el colgante en el que guardaba las fotos de su mujer y su hijo, el motivo por el que aún no se había quitado la vida. Los redobles lejanos de las campanas del monasterio de Beauvaix sobresaltaron a Delporte, quien contó un total de tres, conociendo así la hora. -Son las tres de la mañana- dijo una voz detrás de él. Delporte se giró y vio a Frank Liebermann, subcomandante del escuadrón que le retenía. -Toma- dijo Liebermann, al tiempo que estiraba el brazo en el que portaba maltrechos trozos de pan. –Tranquilo, sólo es pan-, añadió al apreciar desconfianza en los ojos de Delporte. Éste olvidó sus miedos, y el hambre que acumulaba le impulsó a comerse el pan de un solo bocado. -¿Quiénes son?- dijo Liebermann, -La mujer y el niño del colgante- añadió señalando al pecho de Delporte. -Mi mujer y mi hijo.- -¿Dónde están?- dijo Liebermann que volvió a apreciar la misma desconfianza en los ojos de Delporte. –Tranquilo, no todos queremos matar franceses-, añadió en un tono bastante más amable. -En España. Se marcharon cuando empezó la guerra y no he vuelto a verlos desde entonces- Una lágrima bajó por la mejilla de Delporte. -¿España?- -Sí, lo que daría yo por estar allí. Un país de paz y tranquilidad.- -Te equivocas amigo, España no es sino una triste sombra de lo que fuese antaño.- -¿La conoces?- -Sí, estuve allí cuando terminó la Guerra Civil, pero lo que encontré fue un país destrozado, marcado por la desigualdad y el pesimismo. Sólo Dios sabe lo que depara el futuro para un país en esas condiciones.- -¿Y mi país?, quiero decir, ¿conocías Francia?- -Sí, de pequeño pasé una época en Lyon, allí fue donde aprendí vuestra lengua.- -Pero, si hablas mi lengua, ¿para qué os sirvo yo?- -¿Aún no lo entiendes?- dijo Liebermann, pero Delporte no lo comprendió hasta ese preciso instante, por lo que el subcomandante alemán sonrió y añadió –Ya te he dicho, que no todos queremos matar franceses.- -Entonces, ¿qué haces aquí?- -Pues por los mismos motivos que tú, imagino.- Liebermann se rió –Porque debo lealtad a mi bandera y por la idea de que, aunque la guerra tal vez no sea el camino adecuado, otro mundo es posible.- -¿Qué te hacer estar tan seguro?- -¿Has estudiado algo de física cuántica?- -Ni siquiera acabé el colegio-, dijo Delporte, denotando ignorancia en su rostro. -Cuando estudiaba en la universidad de Leipzig, tuve el privilegio de ser alumno del profesor Werner Karl Heisenberg, ¿lo conoces?- -He oído que es uno de los científicos a los que Hitler subvenciona para que investigue acerca de la fusión nuclear, ¿no?- -Exactamente- -¿Y qué tiene eso que ver?- -Cuando estaba en Leipzig, Heisenberg formuló el principio de incertidumbre. Éste dice que es imposible conocer con precisión el movimiento que describe una partícula.- Liebermann notó de nuevo la expresión de ignorancia en el rostro de Delporte y añadió –En términos más generales, el principio viene a decir algo así como que nada se puede predecir con exactitud, siempre queda con un margen de incertidumbre en el conocimiento humano. Un compañero de mi facultad decía que cada hombre veía en ese margen un elemento distinto, pero que siempre estaba íntimamente relacionado con la vida de cada uno. De esta manera, unos podían ver a su familia, otros su país, otros sus aficiones o, incluso, otros podían negar que existiese nada en ese margen, en cuyo caso, no nos llevemos a error, no quiere decir que sus vidas estén vacías de contenido, sino que simplemente son incapaces de dar forma a ese margen. En mi caso, yo creo que en ese margen de incertidumbre siempre han estado presentes dos grandes elementos de las sociedades humanas: el miedo y la esperanza. El miedo es necesario, sino todos moriríamos, pero un camino guiado por el miedo es un camino erróneo. La esperanza, por su parte, en exceso también puede conducir por caminos erróneos, pero sin ella no existiría la especie humana, ya que, bajo mi punto de vista, el ser humano se ha regido siempre por la idea de que las cosas pueden ir a mejor, sino sus vidas simplemente habrían carecido de sentido. Por eso, creo que si la esperanza está más presente que el miedo en ese margen, las cosas sí que pueden ser diferentes y podemos llegar a encontrar el camino que nos lleve al cambio necesario. Además, el principio también afirma que el espectador, por el mero hecho de ser testigo, influye en la realidad que está observando, por lo que el hecho de que tú estés escuchándome aquí y ahora, puede ser, aunque tú no le des la más mínima importancia, parte vital en el transcurso de esta guerra.- -Es muy interesante.- dijo Delporte. -Sí, lo es.- -¿Pero no crees que sólo te conduce a la creación de vanas ilusiones?- -¿Y de qué vive el ser humano, sino es de ilusiones?- -Además, creo que una parte del principio es errónea, porque la gente no puede influir en las cosas si no se involucra en ellas. Actuar cambia las cosas, no actuar deja las cosas como están.- -Pues actuemos.- dijo Liebermann con una sonrisa de satisfacción en el rostro, al tiempo que quitaba a Delporte las ataduras que le retenían por los pies. -¿Cómo?- -Tienes razón, hay que actuar, ese es el camino para cambiar las cosas y yo estoy siguiendo el mío.- -¿Liberándome?- -¿Por qué no? Tú mismo lo has dicho, si yo sé francés, tú no eres necesario.- -Pero, ¿y tú?- preguntó Delporte. –Podrían ejecutarte.- -No tranquilo, soy subcomandante, una bronca y a seguir con mi vida.- Delporte sabía que el castigo por su liberación sería mucho mayor, pero el instinto de supervivencia le impulsó a no insistir, por lo que tras despedirse de Liebermann, se deslizó entre el campamento alemán procurando hacer el mínimo ruido posible, sin embargo, no pasó totalmente desapercibido. El sargento Oliver Schumann estaba fumando en la puerta de su tienda y vio escaparse a Delporte. -¡Eh! ¡Eh! ¡Tú! ¡Detente! ¡Eh!- dijo Schumann desde lejos. Delporte comenzó entonces a correr desesperadamente hacia el bosque, donde perdió definitivamente de vista a Schumann. Minutos más tarde, Liebermann fue llamado a presentarse ante el Comandante Arnold Schidler y, al llegar a su tienda, encontró en ella a Schidler acompañado por Schumann. -Schumann, por favor, ¿puede dejarnos solos?- dijo Schidler. -Sí señor.- dijo Schumann. –Si quiere cualquier cosa, comandante, estaré en mi tienda.- -De acuerdo sargento, puede retirarse.- dijo Schidler a Schumann, que abandonó la tienda cruzando miradas con Liebermann. -¿Me ha hecho llamar, señor?- dijo Liebermann. -¿Qué te pasa Frank?, ya ni siquiera saludas como manda el Führer.- -Disculpe señor, yo…- dijo Liebermann -¡Cierra la boca!- le interrumpió Schidler en un tono tremendamente hostil. –No te he dado permiso para abrirla.- Schidler se detuvo para luego continuar con su charla. -¿Qué crees que diría tu padre, Frank?, ¿qué crees qué haría si siguiera vivo, Frank?, ¿cómo crees que actuaría ante esta situación, Frank?- -Con el debido respeto señor, yo…- le interrumpió Liebermann. -¡Qué cierres la jodida boca, Frank!- volvió a gritar Schidler –Es el comandante Arnold Schidler el que tiene la palabra y no su subcomandante. Recuerdo cuando combatí con tu padre en la Gran Guerra, él era un gran hombre, Frank. Un hombre de honor, leal a su patria y a su bandera, Frank.- Schidler dijo esta última frase mirando fijamente la bandera que había colgada del techo de su tienda y, tras una breve pausa, continuó. –Pero si había algo que lo caracterizaba era el amor a su familia, el amor a su mujer y a ti, Frank. Tu padre esperaba mucho de ti, él pensaba que tú llegarías a ser general, Frank. ¿Y qué haces tú? Olvidas al país y la bandera a los que debes lealtad y sueltas a prisioneros sin permiso de tus superiores, ¿qué creías, Frank? ¿Qué iba a olvidar el juramento que le hice a tu padre justo antes de morir? ¿Qué iba a olvidar que le juré que me encargaría de convertirte en un buen soldado, Frank? Ya conoces las reglas y las leyes de nuestra nación, así que, por la memoria de tu padre, más vale que tu respuesta sea válida porque sólo te lo preguntaré una vez: ¿por qué esta actitud, Frank?- concluyó Schidler buscando algo entre los bolsillos interiores de su chaqueta. Liebermann comenzó a hablar. Delporte, que ya se había alejado unos 800 metros del campamento, comía frutas que había cogido de los árboles y, en el mismo instante en el que escupía pepitas de naranja, escuchó un único disparo a lo lejos. Un disparo, cuyo sonido en la noche se mezclaba con el, también lejano, doblar de las campanas del monasterio de Beauvaix, que sonaron un total de cuatro veces, recordando la hora a Delporte, quien agarraba fuertemente la foto que colgaba de su cuello, en el instante justo en el que comenzó a llover. Tras un breve descanso, partió hacia Dunkerke donde se reuniría con el resto del ejército galo. Normandía (Francia), junio de 1944 Habían pasado ya 3 años de su “estancia” con el batallón nazi de Schidler y Liebermann y, ahora, Delporte era uno de los capitanes más respetados de todo el ejército francés. Justo antes de partir hacia Normandía, donde muy probablemente se decidiría el destino del mundo, Delporte recibió un sobre anónimo y una acotación que le pedía que no abriera dicho sobre hasta encontrarse a un kilómetro de Normandía. Sin saber porqué, Delporte respetó esa petición y, cuando el barco en el que viajaba se aproximaba a la costa normanda, se dirigió hacia el escritorio de su camarote y, de uno de sus cajones sacó un sobre lleno de polvo. Delporte lo abrió y se encontró con un artículo de periódico del año 1942. El artículo se titulaba “Este puede ser un buen principio” y trataba de un soldado francés que logró escapar del batallón nazi que lo retenía, gracias a la ayuda de uno de sus soldados. Delporte leyó el artículo sin pausa hasta el final, donde la emoción le obligó a detenerse y, tras una pausa, continuó por donde lo había dejado:
“El comandante Schidler, escandalizado ante tal hecho, se sacó un revólver de la chaqueta y ejecutó al soldado. Ni las fuentes nazis, ni ningún tipo de filtración clandestina, desvelaron el nombre del soldado francés liberado ni del alemán ejecutado, sólo se han hecho públicas las palabras que éste último dijo a su comandante (que le había preguntado el porqué de su actitud) antes de morir: lo he hecho por principios, por la certeza de que otro mundo es posible y porque creo que este puede ser un buen comienzo, este puede ser un buen principio” -Capitán, las costas de Normandía están próximas- dijo una voz dentro del camarote. Era su segundo de a bordo. –Me preguntaba si usted querría decir unas palabras de aliento a la tripulación, señor. Los soldados necesitan a su capitán en estos momentos.- Delporte asintió con la cabeza. Mientras cruzaba el pasillo que separaba su camarote de la sala en la que los soldados esperaban la llegada a las costas, Delporte no dejaba de pensar en el artículo que acababa de leer, en quien se lo había mandado, en Liebermann y en las palabras que sus soldados, según su criterio, necesitaban oír, pero no había tiempo para pensar más. Delporte abrió la puerta de la sala y, ahora, ante él se extendían 150 hombres que reflejaban temor y nerviosismo en sus rostros y que miraban expectantes a su capitán. -¡Hijos de Francia!, veo miedo en vuestras caras, el mismo miedo que en este instante encoge mi propio corazón. Y lo entiendo, creedme, lo entiendo. Sé lo que teméis, sé que pensáis en el mañana y lloráis pensando en todo lo malo que nos puede deparar, pero no debe ser así. Puede que llegue un día en el que todo eso se cumpla, pero hoy no es ese día. Puede que llegue un día en el que el coraje de los hombres decaiga, pero hoy no es ese día. Puede que llegue un día en el que una horda de cuervos ululara sobre la bandera de la nación y rubricara la consumación de nuestra madre patria, pero hoy no es ese día. ¡Hoy lucharemos!, por todo aquello que vuestro corazón ama. Porque alguien me dijo una vez que siempre queda un margen de incertidumbre en el conocimiento humano, ¡llenemos ese margen de esperanza y valor! ¡Luchemos por la idea de que otro mundo es posible!- La tripulación chilló con muchísima intensidad y Delporte finalizó la arenga -¡Esta playa puede ser un buen comienzo,… este puede ser un buen principio!,… principio de incertidumbre.- dijo en voz baja. (Si has llegado hasta aquí, muchísimas gracias de verdad por la paciencia y espero que te haya gustado, y si no... lo he hecho lo mejor que he podido.) (3) reactiesMeld je aan bij Windows Live ID om een reactie toe te voegen (als je Hotmail, Messenger of Xbox LIVE gebruikt, heb je al een Windows Live ID). Aanmelden Heb je geen Windows Live ID? Maak er nu een aan
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